
Desprendiéndonos
de todo lo vano y del pecado que nos acorrala
andemos fijos los ojos en el que inició y
consumó la fe, Jesús. Él cual puesta su
esperanza en el Padre, sufrió la cruz venciendo
toda humillación y ahora está sentado a la
diestra del trono de Dios. Meditad su pasión y
no sucumbiréis al desánimo.
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